Columnas, Compostimes

Esperando en el pasillo

No iba camino Soria, iba camino Ourense –como no podría ser de otra manera— pero con la prosodia de Jaime Urrutiapaseando ufana por mi materia gris. Pero todo el mundo sabe que es difícil encontrar en la vida un lugar, donde el tiempo pasa cadencioso sin pensar (sic); y a mí me servía el café de máquina del vagón restaurante del Alvia para argüir unas letras mirando al páramo burgalés. «Bares, qué lugares, tan gratos para conversar/no hay como el calor de la barra de una bar», seguía Urrutia llamando en la puerta del tímpano, y me acordaba de la afición de Cunqueiro por las tabernas porque allí dejaba volar su imaginación allende de nuestras entendederas. Con quien pude conversar fue con dos ultras del Osasuna que paraban en Vigo. «¿Por allá qué garito no cierra de antes de las seis?» preguntaba con másroncola dentro que fuera y mirando a los ojos de la gente, como Coppini en Golpes Bajos. La luz del día se bajó en Astorga con los navarros estirando las piernas. Y ni una sola de las letras que me había prometido.

Al llegar a la Auria de Blanco Amor no quedó otro remedio más que recurrir al método Julio Camba: encerrarse hasta que salga, como una sala de parto. Ayudaría si la habitación fuera del Palace –el hotel donde el general Aramburu Topete plantó la base donde operar la noche del 23F— como la que tenía el columnista pontevedrés. Seguro que muchas historias se han ido con la ciclogénesis explosiva, que al final es un temporal, pero que con un punto de heroicidad muy del nuevo siglo. No cabe duda de que 2013 ha sido un mal año, y como tal, merece ser despedido con Los  Morancos. El mismo 2013 que ya me hizo mirar con otros ojos la palabra Alvia. De la 2013 –en jerga hostelera— salimos todos un poco más sabios en trenes, federalismo y contabilidad B; aunque de lo último ya sabíamos bastante. Han sido «malos tiempos para la lírica» y hasta para la justicia divina –véase santuario da Virxe da Barca—. Mientras esperamos en el pasillo, no sabemos quién abrirá la puerta de la 2014. Aún con todo, pasaremos el dintel de la puerta como todos los años: con el carmín en las mejillas y la corbata en la cabeza.

Imagen destacada: Ferropedia.es

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