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La Región | Vidas de zarza y mimbre

La aparición del plástico tumbó el oficio que le había enseñado su abuelo desde los trece años. A partir de entonces, Enrique Táboas imparte cursos de cestería y realiza exhibiciones, como en este Encontro Anual de Cesteiros.

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Como si fuese un chamán de Sanxenxo, Enrique Táboas lee la vida en el fondo de un cesto. En el 81 le llegó la crisis del mimbre. La aparición del plástico tumbó el oficio que le había enseñado su abuelo desde los trece años. A partir de entonces, imparte cursos de cestería y realiza exhibiciones, como en este Encontro Anual de Cesteiros, en Santa Mariña de Augas Santas, Allariz.

Ataviado con su “chapeu” de fieltro y los zuecos, enseña a los curiosos cómo fabrica las piezas, desde la recolección de la madera (según la luna) hasta el trenzado final. Escoltando al “burro”, donde da forma a sus creaciones, un sillón de sauce con el que quedó finalista de un premio en Salt, Girona: “E non o gañei porque querían quedar con el”.

En Augas Santas, los cestos colgados de las galerías solariegas anuncian el evento. Dentro del Museo de Cestería, una habitación expone treinta trabajos de los alumnos del taller: una cuna, un sonajero de siete cuerdas para espantar los siete pecados capitales y otros homenajes a la etnografía. Rodeada de siete niños que empiezan a “cestear” entre la sorna entrañable de los veteranos, Isabel Martínez explica el proceso: “La madera primero se hornea, después se pela y luego se fabrica”.

Fuera, mientras la carne de buey cuece tan despacio como cae la lluvia, Álvaro Martínez simula tocar una pieza de violín mientras trabaja las zarzas. Es el único “cesteiro de palla” que queda en Galicia: “Vin que esta tradición se estaba a perder e a partires dun curso vin que tiña bastante habilidade”. Empezó hace seis años a tejer la paja de centeno entre los casi 100 metros de cuerda de zarza que pueden sostener sus cestos. Sin desviar la vista de la navaja, afirma: “A técnica do tecido en espiral, moi popular en Perú e otros lugares, é sinxela pero moi lenta”. En frente está Lola Reimúndez, de Cedeira, una especialista en corozas. No se sabe si sorprende más por su juventud o por su habilidad para hacer trajes con juncos secos. “Este é un traballo de recuperación, desgraciadamente non podes adicarte só a isto”, cuenta.

Enrique, Álvaro y Lola continúan trabajando, enseñando, con la lluvia de Augas Santas crepitando sobre el mimbre.

Imagen destacada: Xesús Fariñas/La Región

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