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La Región | La Catedral recupera un cáliz del siglo XVIII hallado en un buzón

La pieza pertenece a la capilla del Santo Cristo, es de plata y fue encontrada el miércoles por un periodista en un buzón.

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Puede que Ourense tenga en este hurto con final feliz su particular caso del Códice Calixtino. El miércoles por la tarde, el periodista radiofónico Ramón Blanco Fortes encontró, cuando abandonaba la sede de su emisora en la calle Progreso, un cáliz de plata-dorada repujada, embutido en un buzón comercial.

Según el canónigo archivero del templo, Miguel Ángel González, el objeto data de principios del siglo XVIII y puede llegar a valer en el mercado unos 5.000 euros. La Catedral tiene en su poder entre dos y tres cálices iguales, uno de los cuales se emplea a diario en la misa de la capilla del Santo Cristo.

Miguel Ángel es el encargado del patrimonio, y no encuentra otra explicación que no sea la devolución de un importante robo que se produjo en la década de los setenta. Hace 44 años, cuando el canónigo llegó a Ourense, se propuso reorganizar el Museo de la Catedral. Para ello, elaboró un inventario con todo el patrimonio del templo, pero el cáliz que hoy vuelve a la capilla ya no estaba en esa lista.

Y es que, previamente, tuvieron que ser retirados una serie de obras e imágenes religiosas (como la figura de San Blas y algunos ángeles) por una oleada de robos que alarmaron a la dirección del templo. “Yo calculo que pudiera ser de este momento”, señala.

No obstante, el deán del templo señala que el cáliz sólo “desapareció dos días”y que “no tiene demasiado valor”. Aunque la desaparición la percibió el sacristán, este no se lo comunicó a sus superiores y, por lo tanto, no se presentó denuncia a la Policía.

El canónigo comenta que “habitualmente, las piezas de orfebrería se suelen fundir para cobrar dinero por la plata”. Por otro lado, afirma que rastrea con frecuencia algunas webs de subastas de arte para “ver si alguna obra que nos pertenece se pone a la venta”.

La Policía Científica ya pudo inspeccionar el cáliz pero, por el momento, se desconoce si el Obispado tomará alguna medida para conocer la autoría del robo.

Concluye el archivero que “no podemos poner a la Guardia Civil a custodiar cada santo”, en referencia a la seguridad del templo, y que “hay pequeños hurtos cada día, pero relacionadas con el dinero del cepillo y cosas menores”. Si bien admite que “ponen todos los medios a su alcance”.

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La Región | Vidas de zarza y mimbre

La aparición del plástico tumbó el oficio que le había enseñado su abuelo desde los trece años. A partir de entonces, Enrique Táboas imparte cursos de cestería y realiza exhibiciones, como en este Encontro Anual de Cesteiros.

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Como si fuese un chamán de Sanxenxo, Enrique Táboas lee la vida en el fondo de un cesto. En el 81 le llegó la crisis del mimbre. La aparición del plástico tumbó el oficio que le había enseñado su abuelo desde los trece años. A partir de entonces, imparte cursos de cestería y realiza exhibiciones, como en este Encontro Anual de Cesteiros, en Santa Mariña de Augas Santas, Allariz.

Ataviado con su “chapeu” de fieltro y los zuecos, enseña a los curiosos cómo fabrica las piezas, desde la recolección de la madera (según la luna) hasta el trenzado final. Escoltando al “burro”, donde da forma a sus creaciones, un sillón de sauce con el que quedó finalista de un premio en Salt, Girona: “E non o gañei porque querían quedar con el”.

En Augas Santas, los cestos colgados de las galerías solariegas anuncian el evento. Dentro del Museo de Cestería, una habitación expone treinta trabajos de los alumnos del taller: una cuna, un sonajero de siete cuerdas para espantar los siete pecados capitales y otros homenajes a la etnografía. Rodeada de siete niños que empiezan a “cestear” entre la sorna entrañable de los veteranos, Isabel Martínez explica el proceso: “La madera primero se hornea, después se pela y luego se fabrica”.

Fuera, mientras la carne de buey cuece tan despacio como cae la lluvia, Álvaro Martínez simula tocar una pieza de violín mientras trabaja las zarzas. Es el único “cesteiro de palla” que queda en Galicia: “Vin que esta tradición se estaba a perder e a partires dun curso vin que tiña bastante habilidade”. Empezó hace seis años a tejer la paja de centeno entre los casi 100 metros de cuerda de zarza que pueden sostener sus cestos. Sin desviar la vista de la navaja, afirma: “A técnica do tecido en espiral, moi popular en Perú e otros lugares, é sinxela pero moi lenta”. En frente está Lola Reimúndez, de Cedeira, una especialista en corozas. No se sabe si sorprende más por su juventud o por su habilidad para hacer trajes con juncos secos. “Este é un traballo de recuperación, desgraciadamente non podes adicarte só a isto”, cuenta.

Enrique, Álvaro y Lola continúan trabajando, enseñando, con la lluvia de Augas Santas crepitando sobre el mimbre.

Imagen destacada: Xesús Fariñas/La Región

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La Región | Cuatro ‘picaderos’ se ocultan en el centro de la ciudad

Las traseras de la vieja cárcel, en el corazón termal, y solares del casco histórico sirven a toxicómanos de refugio clandestino para inyectarse

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Las imágenes que acompañan este texto no pertenecen a espacios ajenos a la mayoría de ourensanos. Tampoco son fotografías de la periferia de una gran metrópolis. Son del corazón de Ourense.

Los expertos consultados del Comité Anti-Sida de Ourense y la Asociación de Usuarios, Exusuarios y Técnicos de Drogas (Asut) tienen constancia de, al menos, cuatro puntos clandestinos de consumo de droga por vía intravenosa en zonas cercanas al área del centro urbano y con una afluencia superior a otros lugares donde se produce un consumo individualizado de sustancias como la heroína o cocaína.

Estos puntos, popularmente conocidos como “picaderos”, son zonas frecuentemente situadas en lugares públicos o inmuebles en deterioro que se escapan a cualquier tipo de control sanitario realizado por las autoridades.

Víctor Feijóo Fernández trabaja para la Asut y, tras terminar su jornada en el Centro Penitenciario de Pereiro de Aguiar, nos remite a otro penal, la antigua Cárcel Provincial de la rúa do Progreso, hoy en situación de abandono, como el punto de inserción más concurrido por los consumidores. Es, sin duda, el que presenta una situación de deterioro más visible. A escasos metros del patrimonio señero de la ciudad, el manantial de As Burgas, un gran número de jeringuillas y otros utensilios empleados en el consumo de droga se encuentran a la vista de todo aquel que se sitúe por detrás de los muros de la vieja prisión. Es la zona donde más drogodependientes acuden a “pincharse” y el que presenta más riesgo contra la salud e higiene públicas al estar al lado de una calle concurrida como Progreso.

Sin embargo, no es el único. En el túnel que comunica la rúa Pena Trevinca con la rúa Serra Martiñá y que facilita el paso por debajo de las vías del ferrrocarril los técnicos del Comité y de Asut han encontrado otro “picadero”. También en la rúa Pelayo, a 50 metros de un Centro Cívico-Social, del Centro de Iniciativas Empresariais y de un edificio de Recadación (todos dependientes del Concello de Ourense), hay un lugar de consumo en condiciones insalubres.

El último que ha localizado la Asut se encuentra tras un edificio demolido en la Praza de San Cosme, a escasos tres minutos caminando de la Praza Maior. Existen más, pero su disgregación por los diferentes barrios de la capital complican sobremanera su localización y posterior limpieza.

Como afirma Agustín González Serra, coordinador de Programas e Servizos do Comité Anti-Sida, “a dispersión destes pequenos puntos de consumo individual son más perigosos dende o punto de vista sanitario que as grandes zonas de consumo”. La mayoría de estas zonas se concentra en el casco histórico y los alrededores más inmediatos.

Los drogodependientes informan de los “picaderos” importantes a las asociaciones. Dos veces al mes organizan una limpieza en la que “participan e toman conciencia do feito de deixar xeringas á vista”. La Asut tiene el apoyo de la Diputación para las recogidas, que pueden ascender a un coste anual de hasta cinco mil euros.

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La Región | El Telón de Acero del casco histórico

Como una paleta de colores sin gama de grises, la zona vieja de la ciudad muestra a la vez esplendor y decadencia, separados por el muro invisible del edificio del Concello. Una rehabilitación total suena, por el momento, a quimera.

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Cuando Winston Churchill pronunció aquella genialidad de “desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero” para referirse a una Guerra Fría que se estaba incubando, no creo que tuviera en mente el futuro del casco histórico de Ourense.

Sin embargo, el Consistorio de la Praza Maior traza una línea divisoria entre un casco histórico con poderío comercial y residencial y otro, desértico y salpicado de edificios apuntalados. Según datos del gobierno local, en la zona vieja vive el 6,5% de la población total de la ciudad, cuatro puntos menos que cuando se puso en marcha el Urban, un plan de rehabilitación financiado por Europa. Actualmente, residen 6.872 personas, de las cuales 200 son niños, un 3% del total.

Las cifras publicadas por el Concello (visibles en su web) cuando se implantó el Urban, hace más de una década, ya alertaban de una situación que no parece haber mutado: “La baja densidad de población, 242 habitantes por hectárea, es consecuencia de que una gran parte del parque residencial se encuentra en mal estado o vacío”. Añade el mismo documento, además, que el 12,5% que supone la zona con respecto a todo el casco urbano de Ourense tiene ” el índice de pobreza más alto de Galicia, un 34,8%” y lo achaca a que en ella se asientan los ” sectores más marginales de la sociedad y la degradación medioambiental que el barrio viene sufriendo desde hace años”. Tras años de inversión en rehabilitación de inmuebles y espacios públicos, la crisis ha golpeado fuerte a los planes de recuperación. Las cifras del ARI (Área de Rehabilitación Integral) de 2014 muestran que este es el año con menos gasto público en esta materia de los cinco últimos, a todos los niveles: cuantía (103.000 euros), número de inmuebles (3) y número de viviendas (9). Esta clase de convenios son fruto de la colaboración entre el Estado, la Xunta y los municipios. No obstante, a cuatro meses de cambiar el calendario, el documento “aún no se firmó”, reconocen desde Urbanismo.

Desde el año 2010, cuando se invirtieron 667.000 euros en 29 edificios y 92 viviendas, el dine- ro destinado a las ayudas se ha ido descendiendo notablemente, excepto un ligero repunte en el año 2012. En total, se han rehabilitado 621 viviendas repartidas en 360inmuebles. El Concello tiene regis- trados, en todo el casco histórico, 1.007 solares y edificios distribuidos en 51 manzanas.

“ NO HAY NINGÚN PLAN ESPECIAL”

En la Concellería de Urbanismo alegan que los ARI no dependen únicamente de la intervención municipal. Si bien, puntualizan, hay dos zonas que sí son competencia exclusiva del ayuntamiento. Puntos que “nada tienen que ver con un plan de subvención”. Estas son: los jardines donde ahora se ubica el Centro de Interpretación, cuya rehabilitación se ha completado, y la llamada UE 15, que abarca las calles Pelayo, Padre Feijóo y Hermanos Villar. Los trabajos en estas zonas vienen porque “el ayun-amiento actúa de oficio en base a las competencias que le confiere la normativa vigente”, aclaran.

La concejala del departamento, Áurea Soto, admite que “no hay ningún plan especial” para el área más deprimida del casco histórico y que “las diferencias son lo primero que se perciben cuando se estudia la rehabilitación”. Cree, por otro lado, que el dinamismo de la parte más cercana al Parque de San Lázaro se debe, fundamentalmente, a la “proximidad con el centro urbano” y a la “actividad municipal existente por las mañanas”, unas diferencias que considera “como las de cualquier otro organismo”. Culpa a la caída prolongada de subvenciones a que “se ha reducido la cuantía destinada por la Xunta y la financiación del Estado.

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Historias lusas para non durmir

Na Europa do Sur hai seis anos que é inverno. Portugal, España, Italia e Grecia practican a maiéutica –os diálogos de Sócrates— para descubrir cada un a súa propia verdade no espello do outro. Pablo Iglesias e Beiras ollan para Alexis Tsipras. Pedro Sánchez e Matteo Renzi, novo blairismo en mangas de camisa. E Mariano baila con Passos Coelho ao ritmo simétrico que impón ser o “partido da orde”: Nada con nós, sen nós, nada.

Portugal celebra o 374 aniversario da súa independencia do Reino de Castela sen algueirada. A crise retallou os días festivos no país da saudade. No 1580, corenta aristócratas –Os corenta conjurados— erguéronse contra a casa dos Habsburgo dacabalo do liderado de João Pinto Ribeiro e as reminiscencias xesuítas do Padre António Vieira e o doutor André de Almada. É o primeiro de decembro de 1640 e Filipe IV de España e IV de Portugal , “o Rei Planeta”, ten varias frontes abertos. Un, os lusos entran no Pazo da Ribeira e reteñen á Duquesa de Mantúa baixo berros de “liberdade”: Dous, a coñecida como a Revolta dos Cataláns sufocada posteriormente co tratado dos Pirineos. Portugal, España e Cataluña. En Iberia os cambios de rumbo son só de dirección.

Voltamos. Ao sur do Miño, as conxuras do 2014 son diálogos introspectivos.Os lusos preguntan: ti tamén, Sócrates? Sen demasiadas esperanzas de que a misiva salte os muros do cárcere de Évora, onde o antigo primeiro ministro, José Sócrates, cumpre prisión preventiva por delitos de fraude fiscal, branqueo de capitais e corrupción. É el. O adolescente engaiolado polos cravos da Revolución do 74 que medra no PS. O enxeñeiro civil agarimado polos deuses arbitrarios do carisma que foi a París a estudar Teoría Política e, quen sabe, ver en perspectiva unha hipotética presidencia da República, como apostaban algunhas quinielas. Sócrates. Ferido pola forma na que abandonou São Bento, o seu criterio comezaba a recuperar crédito e na televisión pública lusa, na RTP, as súas aparicións eran máis frecuentes. “Fun obrigado a pedir o rescate”, laiouse nunha entrevista en 2013.

socrates ionline

“Todos saben como lamento esta decisión que adopto en defensa do interese nacional. Loitarei para que teña os mínimos custes para a poboación”. Abril de 2011. A decisión é o rescate de 80.000 millóns de euros solicitados á UE e as palabras son do ex xefe do executivo portugués. En España, a espada de Damocles leva 11 meses no lombo de Zapatero tralo “custe o que me custe” de maio de 2010. O Sur pecha os ollos para se protexer do golpe. Está a piques de comezar a fase tecnócrata da crise, a de Papademos en Grecia e Monti en Italia. A dimisión de Sócrates chega despois que o Parlamento torcera a cara ao seu plan de axuste.

O traslado a París emula á frase de Ingrid Bergman a Humphrey Bogart en Casablanca, cando os nazis están ás portas da cidade: “Oh, Rick! O mundo derrúbase e nós namorámonos” Portugal esmorece e Sócrates vive á francesa, escribindo o seu libro “A confianza no mundo: Sobre a tortura en democracia”, no reduto socialista de Hollande. Mais, aínda ten tempo de compartir mesa co fiscal xeral dous días antes de entrar no calabozo.

Conta Javier Martín, correspondente de EL PAÍS en Lisboa, que os amos caeron. Que o país era unha bicefalia dirixida polo socialista e o banqueiro do Espirito Santo, santo e seña de Portugal, Ricardo Salgado. Porén, a podremia da corrupción cernou o binomio. Eran os DDT –Dono Disto Tudo—. A fin do imperio, como resumiu de forma excepcional o diario local Público, saldouse coa detención do banqueiro o pasado mes de xullo e cunha comparecencia parlamentaria o vindeiro 9 de decembro. O BEP era o maior banco privado do país. Unha entidade con 150 anos de historia que hoxe está condenada pola Xustiza portuguesa por agochar bonos de Lehman Brothers, entre outras falcatruadas empresariais que puxeron na diana da quebra ao banco.

DDT ricardo salgado

Os naipes do Portugal socrático caen da forma en que o Coronel Bill Kilgore, en Apocalypse Now,  pousa as cartas da morte sobre os cadáveres dos civís asasinados pola mariña: “É para que o saiban os Charlies (Vietcong)”. A venda de Portugal Telecom (PT), a xoia da coroa, á brasileira Oi, está no limbo memorístico, a piques de saír da zona de shock e entrar no terreo do trauma colectivo.

En política, con frencuencia, detrás de cada amigo hai un inimigo común. Neste caso, trátase de Carlos Alexandre, o xuíz responsable do Tribunal Central de Investigación Criminal e o primeiro en fixar prisión preventiva para Sócrates e tres millóns de fianza a Salgado, no marco da operación Monte Branco. Alexandre, fillo de carteiro, é protagonista da mística habitual que arrodea aos chamados “superxuíces”. Atribúenlle a frase: “Comigo, a verdade falará máis alto que o diñeiro”.

Mentres, os socialistas, que acaban de pechar o seu XX Congreso, fan ao igual que Portugal, expiación de culpas. O socialismo europeo, afeito en grande medida á zona de confort do sistema, atravesa unha metacrise. O seu caladoiro tradicional de voto esfarélase como o azucre no café: sen punch entre os novos, precarizada a clase media e sen poder de reacción ante movementos de esquerda de novo cuño, máis áxiles e menos burocratizados. Con todo, aínda conservan posibilidades de éxito, cun novo xefe de filas que xestione o furacán. António Costa, 53 anos, alcalde de Lisboa, ex de case todo, vén de gañar as primarias a dirixir o PS no mes de setembro. Menos agraciado para a pantalla, pediu ao partido que o caso Sócrates ficara á marxe: “Hai que separar a política dos sentimentos”. O importante para Costa era que Francisco Assis, eurodeputado e aspirante en 2011 a liderar o PS, e o antigo sindicalista Joao Proença deixaran de afiar os coitelos e ensinar as feridas do segurismo –os fieis ao anterior secretario xeral, António José Seguro—. Pero, dende hai meses, o consenso no Partido Socialista conxúgase en condicional.

1 d. S (despois de Sócrates e todo o que aquela época significaba). 2015. Segue a ser inverno no Sur de Europa. Albíscanse treboadas.

Imaxe destacada: AP/Francisco Seco

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Galicia vella (e II): o 80-20

As nosas soidades,
veñen de tan lonxe
como as horas do reloxio
Manuel Antonio, De catro a catro

No artigo anterior diriximos a mirada cara o envellecemento que vén de padecer Galicia nas últimas décadas e o puxemos en relación cos indicadores básicos europeos. Con todo, desta tentaremos ollar non tanto cara fóra e si no xeito no que está distribuída a poboación dentro do país.
Existe un dito máis ou menos espallado que se resume en que o 80% dos galegos reside no 20% do territorio. O que chamaremos como “80-20”.

Lembramos que un 75% da poboación galega vive nas provincias atlánticas, A Coruña e Pontevedra. E que o 25% restante, arredor de 700.000 persoas, atopámolo nas provincias de interior, Lugo e Ourense. Nos últimos dez anos, A Coruña percibiu un incremento demográfico de 38.000 persoas e Pontevedra sumou 42.000 cidadáns máis. Que non nos leve a engano: o aumento é moi pequeno, mais implica que o escaso crecemento rexistrado en Galicia dende o 2003, nomeadamente 56.000 habitantes segundo datos do IGE, é “chuchado” polas provincias debruzadas no Atlántico, posto que no mesmo período Lugo perdeu 11.000 habitantes e Ourense 12.000.

Dos 20 concellos máis poboados de Galicia, só 3 están fóra da franxa costeira atlantica.

Un exemplo acaído deste “80-20” aconteceu o pasado verán. Os problemas coas peaxes e retencións de tráfico na AP-9 –coñecida como a Autopista do Atlántico— levou a titulares coma este de Carlos Punzón, xornalista de La Voz de Galicia:  “O 44% dos galegos vive nos municipios atravesados pola AP-9”. Ou o que é o mesmo, Audasa comunica mediante o seu trazado a 1,2 millóns de galegos que viven en 38 dos 314 concellos existentes. A peza, ademais sinala: “Só os nove municipios máis interiores e máis afectados pola crise industrial de entre todos os veciños da AP-9 perderon poboación desde que se comezou a construír a infraestrutura (aló polo 2000)”.

Dos 20 concellos máis poboados de Galicia, só 3 están fóra da franxa costeira en cuestión. Dous se contamos a Compostela, Ames e Ponteareas, dos cales o máis afastado está a 40 quilómetros do mar. As dúas do interior son –adiviñan?—: Ourense e Lugo.

franja atlántica

Non só a balanza demográfica de Galicia bascula cara a súa parte máis occidental, senón que a dispersión –un dos nosos trazos diferenciais— é visiblemente máis notoria no interior. Vexan este mapa  das densidades de poboación dentro de eurrorexión Galicia-norte de Portugal. Semella que  aos veciños lusos lles acontece o mesmo.

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Polo tanto, é lóxico que as áreas con máis concentración de cidadáns estean localizadas na costa, como precisa estoutro mapa. E como se traduce a concentración de poboación en determinadas zonas? Frecuentemente, en que os concellos teñen máis facilidades para prestar determinados servizos públicos, por motivos varios –por exemplo: recadación fiscal a nivel local, núcleos de poboación menos espallados ou infraestruturas— e que propician a aparición de niveis administrativos supramunicipais. En Galicia temos dous destes chanzos: as mancomunidades e a área metropolitana de Vigo. No canto das primeiras, das 40 existentes, a meirande parte adícanse á recollida de lixo e outros servizos básicos. E algunhas, como o caso da Mancomunidade do Morrazo, acumulan débedas.

Namentres á beira do mar deseñan áreas metropolitanas, no leste a fotografía é en branco e negro

Pola contra, á area metropolitana de Vigo, “cunha densidade de poboación case tres veces superior á media provincia”, segundo á Xunta, abrangue 14 concellos e 480.000 habitantes, un 17% do total de galegos. O goberno autonómico tentou tecer unha rede arredor da cidade máis poboada de Galicia para “unha nova organización da estrutura administrativa local, que evite duplicidade e mellora a coordinación entre os entes existentes”. E quen gobernaría no chamado “Gran Vigo”? A lei 4/2012, que recolle o texto disposto en 2005 –non foi aprobado daquela pola disolución do Parlamento— , prevé a constitución dunha asemblea metropolitana encabezada por un presidente e dous vicepresidentes, ademais dunha comisión de cooperación. Un esqueleto administrativo que ofrece a dúbida de se se convertirá nunha “microdeputación dentro dunha deputación”.

Galicia_densidade_de_poboacion

Namentres á beira do mar deseñan áreas metropolitanas, no leste a fotografía é en branco e negro. O IGE publica acotío –e difunde na súa conta de Twitter— gráficas coma estas. Nelas, amosan a fractura demográfica interna. Un 80-20 non só cuantitativo, senón tamén cualitativo. En Lugo e Ourense son menos e máis vellos. Menos e máis espallados. Na fronteira oriental con Portugal, un de cada tres fogares está composto por persoas da terceira idade. O mesmo acontece nas zonas do Courel e Os Ancares, xunto coas comarcas de Sarria, Chantada e Lemos. O caso é tan extremo, que nos mesmos lugares, só un de cada dez fogares conta cun rapaz por debaixo dos 16 anos.

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O litoral do nordés, hai moitos fogares de idade elevada, mais a escaseza de rapaces non é tan extrema como no caso anterior. Unha vez máis, a saúde demográfica é para a provincia de Pontevedra. Entre un 15% e un 20% de fogares “vellos” e un 30% (de media) de familias con mozos.

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Os problemas de despoboamento de Galicia son compartidos se ollamos cara algúns países de Europa. Porén, hai un desequilibrio endóxeno que condena á metade do territorio á irrelevancia e ao abandono. Que Galicia cae cara o mar sábeno xeógrafos e poetas. Mais cómpren algo máis que análises para que este 80-20 acabe mudando, polo menos, nun 60-40.

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Galicia vella (I): Radiografía do inverno

Non é só casualidade que, cada vez que Galicia aparece nos telexornais por mor dun suceso, o plano prototípico sexa o dunha señora con mandil, botas de media caña e unha fouce na man á volta da leira. É que, guste ou non, sexa bo ou malo, somos un país vello. Non obstante, e nos mesmos telexornais, con especial énfase nos propios, apenas se aborda o quid da cuestión. A demografía, a nosa estrutura poblacional, non está na axenda política nin na mediática. Absolutamente ningún goberno autonómico ubicou nunca o envellecemento como eixo central do seu programa. Se cadra, a sabendas de que cómpren moitos máis anos que un par de lexislaturas para comezar a recoller os froitos. Mais nós imos facer unha aproximación ao asunto.

Galicia ten, segundo datos oficiais do Padrón Municipal de Habitantes, 2.782.128 habitantes, dos cales un 48,2% son homes e un 51,7% mulleres e un 75,6% do total se concentra nas provincias da corredoira atlántica, A Coruña (41,1%) e Pontevedra (34, 5%). Temos unha densidade de poboación de 94,5 habitantes por quilómetro cadrado e unha idade mediana, a 1 de xaneiro de 2013, de 45,1 anos. Dende o ano 2010, cando a taxa de crecemento continuo da poboación foi 0, comezou un cambio de tendencia ao abeiro da caída demográfica das provincias de Lugo e Ourense,  rexistrando un -0,8 e -0,9 respectivamente. E segundo o  Instituto Galego de Estatística (IGE), as taxas de natalidade e fecundidade “despois do máximo alcanzado no 2008, todas as provincias agás Lugo, presentan índices inferiores aos rexistrados no ano anterior”. 2008, o ano da crise.

Daquela, a nosa pirámide de poboación resulta así:

Pirámide de poboación Galicia 2013

A pirámide, ademáis de sinalar a distribución da poboación por grupos de idade, permite facer algunhas predicións sobre o pasado, presente e futuro do territorio. Así, ollamos que a xeración do baby boom (a dos anos 60 do pasado século) é máis numerosa que a base da figura, a que representa á mocidade e aos nenos. Particularmente, o envellecemento faise máis acusado no sexo masculino cando se traspasa a barreira dos 80-85 anos. Unha circunstancia especialmente sensible no índice de envellecemento actual (a relación entre o número de maiores de 65 anos e menores de 15 anos)  e na súa traxectoria ao longo das últimas décadas:

Índice de envellecemento de Galicia

Se a realidade non toma outra faciana, dentro de poucas décadas a diferenza entre a parte superior da pirámide,a  terceira idade, e a base, a xuventude, será máis e máis grande, con todo o que iso conleva. Mesmo acontece que en provincias como a de Ourense, existen 10.000 pensionistas máis que contribuíntes, un custe imposible de asumir durante moitos máis anos para o sistema público de Seguridade Social.
É especialmente ilustrativo o descenso da porcentaxe de galegos menores de 20 anos dende mediados da década dos 70 e, desta volta, a redución das diferenzas entre sexos

Porcentaxe galegos menores 20 anos

E outro indicativo máis que podemos enunciar así: dende o ano 1975, a idade media dos habitantes de Galicia nunca descendeu. Nin un só ano. Os galegos son, de media, 10 anos máis vellos que hai 40. E subindo. Ante semellante traxectoria, como é posible que ningunha administración se teña amosado nin sequera preocupada pola hemorraxia demográfica do país?

Idade media en Galicia

Galicia coa perspectiva europea: O Horizonte 2020

Bruxelas e máis a Xunta de Galicia deseñaron un plan de dinamización para o combater o chamado “inverno demográfico”. En marzo de 2010, cando a segunda recesión desta crise W, a UE debuxou as tres liñas mestras do crecemento  no continente durante os seguintes 10 anos: crecemento “intelixente, sostible e integrado”. O goberno autonómico aproveitou entón para avanzar o seu Plan a tres anos (2013-2016) –de onde extraemos os datos expostos a continuación— para tomar algunhas referencias como punto de partida.
Mentres que a densidade de poboación europea é  de aproximadamente 16 habitantes por quilómetro cadrado, a galega se eleva ata os 94. Os países do norte e do leste do continente poden influír en que a cifra continental considerablemente máis baixa.
Porén, a porcentaxe de poboación menor de 14 anos era hai dous anos catro puntos menor en Galicia (11%) que en Europa (15%). Ao contrario que na porcentaxe de habitantes maiores de 65 anos: en Galicia é un 22% e en Europa, menos, un 17%.
Dende logo, o número de fillos por muller é a todas luces insuficiente en ámbolos casos, moi afastados do 2,1 preciso para acadar o relevo xeracional. No Vello Continente é de 1,59 e en Galicia de 1,07. En consecuencia, é lóxico que a nosa taxa de natalidade (7,9 fillos por 1000 habitantes) nin se achegue á media europea: 10, 4.

Ben entrados no mes de outubro e cos mercurios en caída, o inverno demográfico galego semella ser algo máis que un proceso estacional que comparte con Europa. Mais Galicia –polo menos desta vez— toma a dianteira.

Imaxe destacada: ©Sara Rodríguez Acevedo

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